28 de octubre de 2006
Yankee Go Home
Cómo me revienta este bichoDesde anoche y durante toda la mañana los niños de mi pueblo, cargados de calabazas dentudas, están aporreando mi puerta y tratando de fundir el timbre para soltarme eso de "¡Truco o trato!" Por supuesto, Sigfried tiene orden de hacer oídos sordos.

Lo siento mucho, pero en mi casa se celebra a Todos los Santos y se conmemora a Todos los Fieles Difuntos, como hicieran ya mis bisabuelos. Además, cuando uno lleva toda la mañana estudiando el neopositivismo del Círculo de Viena no está para según qué cosas.

Si por lo menos vinieran a representar el Tenorio...
 
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11 de octubre de 2006
De este agua no beberé
¡Yo que juré que nunca en mi televisor aparecería esa academia de éxitos prefabricados!

¡Yo que dediqué mis más encendidas soflamas a favor de los cantantes tradicionales!

¡Yo que ponía como chupa de dómine a quienes, cual borregos, se apasionaban por las venturas y desventuras de bisbales y poyeyas!

Yo, en suma, que dije “De esta agua no beberé” y “Este cura no es mi padre”.

(Por si algún lector es poco perspicaz o se acaba de levantar de beatífica siesta, me estoy refiriendo a Operación Triunfo)

Pues bien, se ve que los productores conocían de mi inquina hacia su criatura televisiva y, refrán por refrán, dijeron: “¿No quieres caldo?... Toma tres tazas”.

Porque resulta que el otro día me informaron de que en la edición de este año habría una concursante conquense; es decir, paisana. Y claro, uno tiene que hacer patria (primera taza).

Pero es que para más INRI, la concursante en cuestión es conocida mía, y la verdad es que canta muy bien (segunda taza).

Y, lógicamente, no sólo seguiré el programa con interés sino que, por amistad y patriotismo, haré campaña activa a su favor, incluyendo -vaya por Dios- publicidad por Internet del programa que tando denigré (tercera taza).

Así que, por una vez, y sin que sirva de precedente:


Se llama Cristina Esteban. Es conquense. Tiene 16 años. Estudia guitarra y canto en el Conservatorio Provincial de Música. Estudia en el I.E.S. Pedro Mercedes, participa en la Parroquia de Ntra. Sra. de La Paz y canta en el Coro de la Catedral.

¡¡¡Y va a ganar Operación Triunfo!!! ¡¡¡Ánimo, Cristina, que tú vales más que todos, guapa!!! ¡¡¡Viva Cuenca, su catedral y sus jóvenes!!! ¡¡¡Todos con Cristina!!!

(y ahora péguenme si quieren)

 
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9 de octubre de 2006
Psicofonías Cibernéticas
Como te descuides tu pantalla acaba asíComo último capítulo -por el momento- de mi serie de artículos sobre “internetología” (y es que también me salen enganchados, como las cerezas), quiero manifestar mi profunda indignación -estoy seguro que compartida por mis lectores- por la invasión a la que nos tiene sometida la publicidad en internet.

En los comienzos de la red, se insertaba publicidad en las páginas web. Sin más, al estilo tradicional. Textos y links (vínculos) que desde la página que estabas visitando intentaban convencerte para llevarte a negocios o compras más o menos relacionadas con el tema del que se tratara.

Más adelante se inventaron aquello de los banners, que eran como los vínculos de antes pero con imágenes y texto en movimiento. A veces flotaban sobre el texto de la página, lo que los hacía bastante incómodos.

Viendo que los usuarios no sólo no compraban ni el palo de una escoba, sino que en la medida de lo posible no volvían a la página en cuestión, los publicistas se sacaron de la manga los pop-up; que eran como los banners pero se abrían por encima de la página visitada. Eran bastante difíciles de cazar cuando uno los perseguía con el puntero del ratón; pero al fin uno, ayudado de diversos programas ad hoc conseguía eliminarlos.

Y de repente los ingeniosos programadores rizaron el rizo y se inventaron los pop-up independientes y sonoros, que se abren a traición, en una página independiente, y sin relación alguna con lo que en ese momento estás haciendo.

Este tipo de publicidad no sólo es sumamente molesta, sino que provoca situaciones tan surrealistas como la siguiente:

Estás leyendo el último artículo de Juan Manuel de Prada mientras escuchas la cantiga 159 de Alfonso X el Sabio:

“Non sofre Santa Maria de seeren perdidosos
os que as sas romarias son de fazer desejosos.

E dest' oyd' un miragre de que vos quero falar,
que mostrou Santa Maria, per com' eu oý contar,
a us romeus que foron a Rocamador orar
como mui bõos crischãos, simplement' e omildosos…”

Y de repente te salta, sin saber de dónde, la Paulina Rubio cantando:

“Ni una sola palabra
ni gestos ni miradas apasionadas
ni rastro de los besos que antes me dabas”

Lo que, mezclado con la música medieval suena como un coro de demonios. Y cuando uno se pregunta si su ordenador no estará poseído y empieza a buscar en Google el número de un exorcista, se abre en pantalla completa un anuncio de tonos para el teléfono móvil.

No sé ustedes, pero yo preferiría lo de la posesión diabólica. Sería la solución más sencilla. Porque por más agua bendita que le echo al ordenador, no creo que vaya a conseguir que los pop-up dejen de atosigarme.
 
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6 de octubre de 2006
El más listo del cementerio
Alegría, alegría, alegría…Arriesgándome a parecer lo que en mi tierra llaman un “cansino”, sigo contándoles mis peripecias por estos mundos de internet. Como habrán podido notar soy un curioso infatigable, y la más nimia de mis actividades provoca en mi intelecto un irrefrenable ansia de saber. Afortunadamente, ahí está internet para saciarla.

Ayer por la mañana estaba trasplantando unos esquejes de alegría. La alegría es una planta de hojas brillantes y flores rosadas, muy vistosa y de gran crecimiento (la pueden ver en la imagen de arriba). Creo que en mi pueblo todas las casas tienen alguna alegrando rincones soleados y rellanos de escalera. Pues bien, gracias a la wikipedia he descubierto que su nombre científico es “impatiens balsamina”.

Después de comer me tomé, como de costumbre, una taza de “té de risca”, infusión digestiva que se prepara con las hojas de una hierba muy abundante en la sierra,Qué rico que estási bien difícil de recolectar, que me recomendó una vieja curandera de Valtablado de Beteta. Me pongo a investigar y encuentro una página donde varios médicos me informan sobre la “jasonia glutinosa” y sus numerosas propiedades medicinales. De paso también les dejo una foto.

Y, ya en la siesta, mientras releo “La Tabla de Flandes” de Arturo Pérez-Reverte, llama mi atención la muletilla que uno de los protagonistas utiliza cuando va a lanzar, al ajedrez, un jaque mortal de necesidad: “A Pénjamo con dos haches”, dice el ajedrecista. Nueva búsqueda y… voilá, resulta que Pénjamo es un municipio del estado de Guanajuato (México).

Definitivamente, con esto de internet voy a conseguir ser, cuando me muera, el más listo del cementerio. ¡Qué barbaridad!
 
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5 de octubre de 2006
Como las Cerezas
Menudo empachoLlevo una semana enganchado al ordenador. No he comido. No he dormido. No he escrito en el blog. No me he cambiado de ropa. No he salido a comprar tabaco (para eso está Sigfried)…

¿Que a qué se debe esto? Pues verán, yo entré el jueves pasado en Google para buscar información sobre una película del nuevo hiperrealismo kazakistaní, y como una cosa lleva a la otra y en internet toda la información está entrelazada (de ahí lo de llamarla “red”), en este tiempo ya me he convertido en un experto en cine asiático, elaboración de la copra, gachas a la antigua, urbanismo nómada y geología subabisal. Y es que las páginas web son como las cerezas: coges una y se enganchan otras tres.

No sé a ustedes, pero a mí me parece impresionante. Todo está en internet. Absolutamente todo (fíjense, estoy incluso yo). O sea, introduces en el motor de búsqueda “Agujeros Para Canutos”… ¡y hasta eso te da resultado! Es muy fuerte.

Como a Kant el estudio de la moral, este hecho me suscita tres preguntas: ¿Quién introduce toda esa información? ¿Dónde se almacena? ¿La capacidad de internet tiene algún límite?

No hace falta que me respondan. Estoy seguro de que encontraré la respuesta en Google.
 
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